Flor predilecta




Son tus labios dos pétalos a flor de piel

donde el pistilo baila en la cúpula de mi boca,

y sabe a nube de azúcar en cielo a b i e r t o.


Tu piel descansa en el recodo de mis avenidas gemelas,

entonces, lento,

des

cien

des,

imitando el meneo de un girasol a la hora del crepúsculo,

procurando llegar a Venus, por la senda que me conduce a Marte.


La pasión esgrafia grana, pletórico de incendios

un tallo erguido, condensando su savia.

Soy cauce y tú, arroyo,

que arrulla nanas de agua

a mi vientre expectante de tu vital aliento.


Deshójame tu amor,

sé flor, de mis delirios, predilecta.

Dolor de miembro fantasma


El amor escuece sin pausa, como la mordedura de un insecto.

Vamos, yo era tu satélite, y ahora que no estás

desafío toda lógica gravitacional

y sigo girando en torno a tu recuerdo.


Te inventaron de elástico,

retomando siempre tu posición inicial,

por más lejos que huyan las agujas del tiempo;

es que eres un miembro fantasma

donde el dolor es lo único auténtico de mi realidad.


Yo, sin embargo, soy greda que adoptó tu figura

no hay nada que se me acople, si no eres tú,

la memoria de mis labios te reconocería

con la suficiencia del roce de tu aliento.


Barro en espiral el polvo de la estela,

y la diana

me absorbe,

me absorbe,

me absorbe

...

Soplo deseos


Hoy me he puesto la piel por el re-verso.

La soledad me reclama,

es mi virtud inútil, pero la amo tanto.


Nuevas ideas blancas, germinan en el vidrio

del espejo

y unas tristezas tibias atraviesan mis años

-sal ida que va condensando cicatrices en surcos sin llegada-.


Me voy gastando el tiempo alegremente,

como quien gasta una moneda, y se come feliz el caramelo;

me voy tragando dulces,

para olvidar lo amargo que nos sabe el silencio,

y me voy simplemente

pero a cada momento.


Soplo un deseo,

-que no se apague la vela-

inspiro

-Por favor-

e(x)spiro.

Mi flor de Coleridge



"Si un hombre atravesara el paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que ha estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano... ¿entonces qué?"

Jorge Luis Borges



Tu aliento me recorre, horizontal, los pensamientos

cuando tus sedosos dedos hilvanan mis sueños ondulados.


A contraluz, te nombro.

Es tu nombre el que invoca el temblor prematuro de la carne

una canción clandestina que bailo en tu ombligo

con-cierto polífonico

dest(r)ellas.


Zozobro en la caricia-acacia

que se ahoga en los pliegues de tu pecho,

en el roce de la sábana rezumando tu piel

que imagino tupida madreselva

y te bebo en la yugular de mi almohada de plumas.


Me sabes incondicional,

cuando despierto en tus brazos invisibles.


Escudriño en mi sueño de horas tibias y ahí estás

tú, mi flor de Coleridge.

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