
A Paty
Se desliza el aire de la noche simulando algún viento del oeste,
y tu caricia me sorprende en sus dedos.
Le haces falta hasta a mis sábanas para poder dormir.
Tu nombre es una nube de azúcar amargada en la oscuridad del vacío,
un eco que crepita al ritmo incesante de mi corazón.
¡Para ya! ¡Para ya!
...pero el corazón es un músculo involuntario.
Sucede que a veces, cuando llueven memorias en diciembre,
despierta una tempestad y todos olvidamos cómo nadar.
Solo tú sabrías llevarnos a tu orilla.
Y es que la última Navidad que te recuerdo, tú fuiste la estrella fugaz del Nacimiento,
cuánto hubiera dado por descubrir ese diciembre
que el mejor regalo que había a los pies del árbol
eras TÚ.

