Vuelvo pronto

Amigos, estaré fuera unos días por motivos de fuerza mayor. Regreso pronto a visitar sus blogs que tanto bien me hacen.
Besitos y abrazos.

Canción de lluvia


¿Por qué cuando te miro, mariposa es insecto?
¿A dónde voló la poesía?

Llueve.

Se derrama un verso en la tarde que muere,
y arrastrado como barca artesanal en tempestad marina,
se suicida.
Era un verso homicida, me consuelas,
pero hasta tú te acabas,
como el sol esta tarde,
como un lápiz mudo, sin mina y sin madera,
como un punto final en hoja en blanco.

No intuyes que hay lágrimas que oxidan los goznes de las puertas
que hay puertas que se llaman adiós
y adioses que se cierran para siempre.

Ha cesado la lluvia,
no te apures,
hasta el último charco se evapora.

Alas de Cera



Puede que nunca lo haya amado,

pero sí que adoraba su mirada, y sus gestos

sobre todo sus gestos, aunque no más que su mirada.


Él era como el cielo, y yo como esas aves que surcan los espacios infinitos

es que un ave ve al cielo más cerca cuando se refleja en el mar,

sobre todo si lo ves desde la orilla.

Y claro, luego crees que una nube hace un cielo,

y no hay nada que esté más lejos del cielo que una nube.


Todos saben que el tiempo se hace tiempo cuando lo disfrutamos

yo aprendí que el tiempo es más tiempo cuando lo sufrimos.

y vaya que lo sufrí en su nube.


Desde luego, también sabemos que el agua calma la sed

y cuando llegamos al mar y lo vemos de agua,

nos damos cuenta que hay aguas que nos encienden la sed, más todavía.


Con él aprendí cada excepción a la regla,

no digo la regla del 2 o la del 3,

-para él 2 por 1 siempre era uno, nosotros-

sino la regla del amor, por ejemplo

‘Amar al prójimo como a ti mismo’

yo lo amé un poco más.


Siempre quiso llegar más lejos de lo que sus alas le permitían

así que un día, decidió volar al sol

no sabía que sus alas eran de cera

y con sus alas, se derritieron mis sueños.

Puerto de partidas



Tremola en la danza de tus labios,

amargo rictus que aprendió el ritual de todos los adioses.

Somos puertos enturbiados de partidas.


Un nemoroso suspiro, desgaja

la vacuidad de los agónicos rayos del sol,

que nunca más han de brillar en tus ojos.

Somos puentes rotos de ciudades aisladas para siempre.


Tu voz suena como la quietud de un lago en plenilunio,

pero el eco restalla en el acantilado,

si me visto de espuma de recuerdos.


La clepsidra deseca la esperanza tardía

en anónima lágrima.

Exilio de sal


En la penumbra de una buhardilla, un rayo de luna, tan huérfano como cualquiera de los trastos allí abandonados, bailaba en círculos alrededor de la pluma de un deslustrado morrión.

'La pluma y el rayo de luna', Óscar Bartolomé Poy


Cuando la penumbra devoró el último claro de luna

fue estéril lenitivo

dejar que tome forma de eclipse tu mirada.


Supuse –ingenuamente- que el aire que exhalabas

era un espacio apenas y casi reemplazable,

no la hondura sin edad que amartilla mis miedos.


El tiempo gotea los segundos de sal

que inciden en la herida del exilio.

Lluvia de Marzo


'The girl in the rain', Debra Hurd


Marzo se marcha, y todavía llueve,
el surco que se extiende en mi paraguas
humedece la demanda sin juez del dolor a destiempo
lo repudio
y sin embargo te(a)mo.

Nunca entendí el ahogo de tu voz, cuando me revelabas
que aún si tus zapatos me calzaran
no podría ver a través de tus pupilas.

Ahora, no obstante,
qué nítidas se leen tus palabras en el libro infeliz de mi memoria
‘Un día
descubrirás el delicioso aroma que desprende una lágrima,
y llorarás únicamente por el placer de conservar la belleza en tus ojos.’

Flor predilecta




Son tus labios dos pétalos a flor de piel

donde el pistilo baila en la cúpula de mi boca,

y sabe a nube de azúcar en cielo a b i e r t o.


Tu piel descansa en el recodo de mis avenidas gemelas,

entonces, lento,

des

cien

des,

imitando el meneo de un girasol a la hora del crepúsculo,

procurando llegar a Venus, por la senda que me conduce a Marte.


La pasión esgrafia grana, pletórico de incendios

un tallo erguido, condensando su savia.

Soy cauce y tú, arroyo,

que arrulla nanas de agua

a mi vientre expectante de tu vital aliento.


Deshójame tu amor,

sé flor, de mis delirios, predilecta.

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