Vuelvo pronto
Canción de lluvia

Alas de Cera

Puede que nunca lo haya amado,
pero sí que adoraba su mirada, y sus gestos
sobre todo sus gestos, aunque no más que su mirada.
Él era como el cielo, y yo como esas aves que surcan los espacios infinitos
es que un ave ve al cielo más cerca cuando se refleja en el mar,
sobre todo si lo ves desde la orilla.
Y claro, luego crees que una nube hace un cielo,
y no hay nada que esté más lejos del cielo que una nube.
Todos saben que el tiempo se hace tiempo cuando lo disfrutamos
yo aprendí que el tiempo es más tiempo cuando lo sufrimos.
y vaya que lo sufrí en su nube.
Desde luego, también sabemos que el agua calma la sed
y cuando llegamos al mar y lo vemos de agua,
nos damos cuenta que hay aguas que nos encienden la sed, más todavía.
Con él aprendí cada excepción a la regla,
no digo la regla del 2 o la del 3,
-para él 2 por 1 siempre era uno, nosotros-
sino la regla del amor, por ejemplo
‘Amar al prójimo como a ti mismo’
yo lo amé un poco más.
Siempre quiso llegar más lejos de lo que sus alas le permitían
así que un día, decidió volar al sol
no sabía que sus alas eran de cera
y con sus alas, se derritieron mis sueños.
Puerto de partidas
Tremola en la danza de tus labios,
amargo rictus que aprendió el ritual de todos los adioses.
Somos puertos enturbiados de partidas.
Un nemoroso suspiro, desgaja
la vacuidad de los agónicos rayos del sol,
que nunca más han de brillar en tus ojos.
Somos puentes rotos de ciudades aisladas para siempre.
Tu voz suena como la quietud de un lago en plenilunio,
pero el eco restalla en el acantilado,
si me visto de espuma de recuerdos.
La clepsidra deseca la esperanza tardía
en anónima lágrima.
Exilio de sal

En la penumbra de una buhardilla, un rayo de luna, tan huérfano como cualquiera de los trastos allí abandonados, bailaba en círculos alrededor de la pluma de un deslustrado morrión.
'La pluma y el rayo de luna', Óscar Bartolomé Poy
Cuando la penumbra devoró el último claro de luna
fue estéril lenitivo
dejar que tome forma de eclipse tu mirada.
Supuse –ingenuamente- que el aire que exhalabas
era un espacio apenas y casi reemplazable,
no la hondura sin edad que amartilla mis miedos.
El tiempo gotea los segundos de sal
que inciden en la herida del exilio.
Lluvia de Marzo

Flor predilecta

Son tus labios dos pétalos a flor de piel
donde el pistilo baila en la cúpula de mi boca,
y sabe a nube de azúcar en cielo a b i e r t o.
Tu piel descansa en el recodo de mis avenidas gemelas,
entonces, lento,
des
cien
des,
imitando el meneo de un girasol a la hora del crepúsculo,
procurando llegar a Venus, por la senda que me conduce a Marte.
La pasión esgrafia grana, pletórico de incendios
un tallo erguido, condensando su savia.
Soy cauce y tú, arroyo,
que arrulla nanas de agua
a mi vientre expectante de tu vital aliento.
Deshójame tu amor,
sé flor, de mis delirios, predilecta.
