Tela de araña


¿Alguna vez has visto cómo es la lucha por la supervivencia en una tela de araña?

Aquí me ofrezco insecto, que no puede librarse de los reproches que tejes.



Haces frío,

y es preciso que me abrace a tu invierno,

pero el recorrido hacia ti se me antoja imposible con esta herida expuesta.

Invariablemente serás la pieza que me falta

aunque no encajes nunca en mi rompecabezas de huesos destemplados.


Me sacudo el polvo con la humedad tétrica de la tarde

pero siempre está

c

a

y

e

n

d

o

más,

polvo, lluvia, noche, tú, da lo mismo si no acaba.


Absurdo este remedo de reclamo, si no vas a escucharme,

como esperar a que sobrevenga la noche para no ensombrecerme

-sin luz no hay sombras, me repito-

y sin embargo no puedo acostumbrarme a esta oscuridad de cárcel epitelial.


Adherido a los labios, llevo tu nombre a cuestas,

y es como un eco que se disuelve en mi voz para volverse tuya,

no puedo huir de mí misma entre la pena y el abismo,

cuajar mi humanidad de arcilla inerte

y volverme ave que no quiere volar.


Vamos, te quiero, pero no es suficiente,

no lo soporto más.



Aviso N° 001

Arequipa, 27 de Julio de 2010

A quien corresponda:

Sabías que dejar de amarte iba a ser un crimen a mano armada,

porque llevo una huelga de versos hace dos meses;

los únicos poemas que compongo desde entonces son papel húmedo y tinta seca

-y no sabes de la impotencia cuando no son sólo una metáfora-.

Si no haces algo para que me re-enamore de ti

mi imaginario ‘poético’ va a morir de inanición

-y tú con él, aunque tenga que encargarme yo misma-

El delito no es homicidio culposo, que ya antes he sufrido de poetitis aguda y sobreviví,

lo grave es que no me duela

y con lo cursi que soy, no voy a consentir una despedida sin lágrimas.


Atentamente,

Marisol.

Confiteor


Yo confieso,

que amé el enigma de tus dedos en la fisiología del tacto,

la lengua que serpentea y se arremolina como vid retorcida en el ombligo del amor,

tu piel de arena tostada en la luz de mi voz.


Amé la lenta agonía de tu perfume de orquídea

y el eco disonante de su belleza-instante, perdida para siempre.

Yo me confieso rescoldo

-si tu aire no alimenta pronto mi fuego, voy a extinguirme-


Eres un grillo que renunció a vivir, en la ribera del río que lo estaba ahogando,

te deslizas por mis dedos, como burbuja huyendo del fondo marino,

en la imposible mano que intenta contenerla.

Las cosas que me gustan



A veces nos sorprende un ballet de momentos

es cuando le injertas al tiempo tu voz imperturbable.


Me gusta cuando haces de mi espalda laberinto que armoniza tu nombre,

o arroyo donde navegan caricias de tus labios de hidromiel,

-allí, no me importa ahogarme en el mar de tu boca

que me convoca diluvio-.


Me gusta tu mirada de mies abierta en flor

y sus besos de colibrí con aroma a mariposa.

La danza de los siete velos que bailan tus pestañas,

el rubor del crepúsculo cuando a fuerza de besos atardecen tus mejillas...


¿O es que me gustas tú?


Tú, trazo firme,

en el

e s f u m a t o

de mi vida.

Puedo volver a amarte


¿No adviertes que cuando soplas una vela, allá, en Barcelona

aquí se apaga el sol?

No sabía que amarte fuera una enfermedad

y tú -la prescripción- tuvieras tantas contraindicaciones.


Hay cosas que no entienden de latitudes,

como que puedo volver a amarte desde cada distancia

seguir pintando inviernos verdes, mientras mueran de hambre mis escamas

desbriznar tus palabras, como una margarita

(Te quiero, no te quiero, te olvido, te recuerdo, te llamo, no te amo)

o tomarme un café con tu recuerdo

y comerme tus cartas con azúcar.


Aunque hay amores que no entienden de tiempo,

(te amo ayer, te amé mañana, te amaré hoy)

envejece tu aroma, en la esquina de mi cuarto,

arrinconado;

a veces se deslíe en mis sueños,

si no puedo encontrar tu caricia de pluma en mi almohada de ala,

es cuando sueño ser un pez, intoxicándose todo por las branquias.


Puedo volver a amarte, pero hasta Dios se cansa,

y hay que tener en cuenta

que es la misma llave, la que si abre una puerta,

nos la cierra.

Nocturno impasible



No eres tú,

aunque el silencio responda tras tu nombre

o me asfixie al morderle los dientes a todas tus verdades.


No eres tú,

quien remoja el envés de mi sombra con rocío nocturno

mientras dura el insomnio de la luna

–en los claros de lágrimas-.


No eres tú

esta herida de nube que muere sin remedio,

es tal vez

el dolor salpicando la pena que sea gota.

Vuelvo pronto

Amigos, estaré fuera unos días por motivos de fuerza mayor. Regreso pronto a visitar sus blogs que tanto bien me hacen.
Besitos y abrazos.
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