Tardanzas y distancias


Te recuerdo, amor, pausa imprecisa.

la nota que rompía el compás de la memoria

y golpeaba en los riscos de la imaginación

para volver espuma tu recuerdo lejano.


Te amo, aquí, distante

en estas noches de primavera escasa, donde se abandonan las flores

que caen como días repetidos del calendario, o espirales de humo

y perfuma la ausencia.


Aletea la tarde, con sus alas de fuego, y no estás,

hasta el aire sofoca si no oigo tu voz, ablandando mis sueños.

se desboca el cauce de mis ojos, y ya ha trazado el surco donde siembro las penas.

apenas la desesperanza le sigue a la sedación.


No soy tu felicidad, pero eres mi tristeza;

y tristeza, te amo.

Anochecer (en) blanco


I. Liofilizada

Se cansaron las hojas de respirar tu falta, y ha secuestrado el otoño a la primavera,

fue una rosa carmín, hoy ha empalidecido y es sólo un lirio albino

que te nombra hortaliza.


II. Nictálope

Se escurre la luna en los tejados, y un gato canta al compás del frío,

mientras bebe impaciente la noche en su eclipse de estrellas.


III. Destilación

Exhumo tus poemas, y huelen a pretérito imperfecto,

al leerte se ha desgarrado el cristal de mis pupilas

y me ha sugerido la condición líquida del amor.


IV. Confesión y despedida

Quiero obligarme a dejarte, pero eres mi constante favorita,

mas nada hay que puedan reprocharme

al fin que el amor y el desamor duelen, sí, con la misma intensidad.

Tengo urgencia de ti


Tengo urgencia de ti, de trazar tus fronteras sin vértices inconexos

de abrazarte sin prisas,

de descarnar los frutos y morder las almendras.


Te ansío,

como al agua el desierto,

como Dios una cruz,

como arteria a la sangre.

Tal vez un poco más.


Y es que te anhelo mar, naufragio demorado de sábanas,

grieta de precipicio que moldea la horizontalidad de la mañana

rozadura de seda latiéndonos el pulso de la vida

como savia que discurre vitalmente por el tallo.


Pero no, no me abordes

que sólo he aprendido amarte así, inaccesible.

Tardanzas a destiempo



Viene en son de paz, bailando su melancolía,
la noche es un velero que lo vuelve hacia el mar de los recuerdos,
lo atormenta el pasado, la tormenta es presente,
y no existe futuro.

El instante en que un hilo de luz hiende su rostro cárdeno
repara en la opacidad de la cara oculta de mi alma,
con sus ojos ausentes.
Vuelve la vista al reloj de las horas perdidas,
una a una las enhebra como cuentas para una gargantilla,
pero ya no me calza, mucho me temo.

Hube de llenarme los bolsillos de esperanza amarilla –de marchita-
madurar el beso de la aurora que apagaba las noches,
darme un golpe de versos,
y no te percataste.

Tuve que volverme a ti, pero tú ya no estabas,
si piensas en volver, no vas a hallarme.

Tela de araña


¿Alguna vez has visto cómo es la lucha por la supervivencia en una tela de araña?

Aquí me ofrezco insecto, que no puede librarse de los reproches que tejes.



Haces frío,

y es preciso que me abrace a tu invierno,

pero el recorrido hacia ti se me antoja imposible con esta herida expuesta.

Invariablemente serás la pieza que me falta

aunque no encajes nunca en mi rompecabezas de huesos destemplados.


Me sacudo el polvo con la humedad tétrica de la tarde

pero siempre está

c

a

y

e

n

d

o

más,

polvo, lluvia, noche, tú, da lo mismo si no acaba.


Absurdo este remedo de reclamo, si no vas a escucharme,

como esperar a que sobrevenga la noche para no ensombrecerme

-sin luz no hay sombras, me repito-

y sin embargo no puedo acostumbrarme a esta oscuridad de cárcel epitelial.


Adherido a los labios, llevo tu nombre a cuestas,

y es como un eco que se disuelve en mi voz para volverse tuya,

no puedo huir de mí misma entre la pena y el abismo,

cuajar mi humanidad de arcilla inerte

y volverme ave que no quiere volar.


Vamos, te quiero, pero no es suficiente,

no lo soporto más.



Aviso N° 001

Arequipa, 27 de Julio de 2010

A quien corresponda:

Sabías que dejar de amarte iba a ser un crimen a mano armada,

porque llevo una huelga de versos hace dos meses;

los únicos poemas que compongo desde entonces son papel húmedo y tinta seca

-y no sabes de la impotencia cuando no son sólo una metáfora-.

Si no haces algo para que me re-enamore de ti

mi imaginario ‘poético’ va a morir de inanición

-y tú con él, aunque tenga que encargarme yo misma-

El delito no es homicidio culposo, que ya antes he sufrido de poetitis aguda y sobreviví,

lo grave es que no me duela

y con lo cursi que soy, no voy a consentir una despedida sin lágrimas.


Atentamente,

Marisol.

Confiteor


Yo confieso,

que amé el enigma de tus dedos en la fisiología del tacto,

la lengua que serpentea y se arremolina como vid retorcida en el ombligo del amor,

tu piel de arena tostada en la luz de mi voz.


Amé la lenta agonía de tu perfume de orquídea

y el eco disonante de su belleza-instante, perdida para siempre.

Yo me confieso rescoldo

-si tu aire no alimenta pronto mi fuego, voy a extinguirme-


Eres un grillo que renunció a vivir, en la ribera del río que lo estaba ahogando,

te deslizas por mis dedos, como burbuja huyendo del fondo marino,

en la imposible mano que intenta contenerla.

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