Detrás de mi ventana



Afuera, cruje la tarde disecada en las aceras

el aire enarbola el último suspiro en sus labios de sándalo

mientras dibuja, un pájaro, la distancia insoluble de dos cuerpos.


El vértigo de una lágrima tirita en el arcén de tu mejilla

pero ¿qué es una tristeza en el óbito incesante del universo?

Un parto doloroso, para una madre exhausta,

y el precoz embarazo de otra lágrima.


Si supieras cuánto sufro tus penas…

si pudiera un milagro devolverte la fe, yo me haría creyente,

pero hoy no es domingo, y no atiende Dios en las Iglesias.

Poema de agua



Galopa la memoria y relincha tu recuerdo.

Nuestros labios buscándose en las sombras

como ciegos nublados por la sed.


A voz callada en primavera incierta, grita la luz ahogada del crepúsculo,

te nombra, te nombro, y es el milagro del amor

que existe sin hallarse, porque se haría botón de noche abierta.


Te pido lo imposible, como quien se queda mirando el espacio

en el cenit de una estrella muerta, esperando que brille;

o la tristeza oculta del llanto bajo el agua.


Te pido que Navegues mi cuerpo en tus manos de barca

l(í)iquida la sed,

duerme el sueño del tiempo abrasando mis brazos

o enséñame a ser agua, que refresque el ardor de tu memoria.

Tardanzas y distancias


Te recuerdo, amor, pausa imprecisa.

la nota que rompía el compás de la memoria

y golpeaba en los riscos de la imaginación

para volver espuma tu recuerdo lejano.


Te amo, aquí, distante

en estas noches de primavera escasa, donde se abandonan las flores

que caen como días repetidos del calendario, o espirales de humo

y perfuma la ausencia.


Aletea la tarde, con sus alas de fuego, y no estás,

hasta el aire sofoca si no oigo tu voz, ablandando mis sueños.

se desboca el cauce de mis ojos, y ya ha trazado el surco donde siembro las penas.

apenas la desesperanza le sigue a la sedación.


No soy tu felicidad, pero eres mi tristeza;

y tristeza, te amo.

Anochecer (en) blanco


I. Liofilizada

Se cansaron las hojas de respirar tu falta, y ha secuestrado el otoño a la primavera,

fue una rosa carmín, hoy ha empalidecido y es sólo un lirio albino

que te nombra hortaliza.


II. Nictálope

Se escurre la luna en los tejados, y un gato canta al compás del frío,

mientras bebe impaciente la noche en su eclipse de estrellas.


III. Destilación

Exhumo tus poemas, y huelen a pretérito imperfecto,

al leerte se ha desgarrado el cristal de mis pupilas

y me ha sugerido la condición líquida del amor.


IV. Confesión y despedida

Quiero obligarme a dejarte, pero eres mi constante favorita,

mas nada hay que puedan reprocharme

al fin que el amor y el desamor duelen, sí, con la misma intensidad.

Tengo urgencia de ti


Tengo urgencia de ti, de trazar tus fronteras sin vértices inconexos

de abrazarte sin prisas,

de descarnar los frutos y morder las almendras.


Te ansío,

como al agua el desierto,

como Dios una cruz,

como arteria a la sangre.

Tal vez un poco más.


Y es que te anhelo mar, naufragio demorado de sábanas,

grieta de precipicio que moldea la horizontalidad de la mañana

rozadura de seda latiéndonos el pulso de la vida

como savia que discurre vitalmente por el tallo.


Pero no, no me abordes

que sólo he aprendido amarte así, inaccesible.

Tardanzas a destiempo



Viene en son de paz, bailando su melancolía,
la noche es un velero que lo vuelve hacia el mar de los recuerdos,
lo atormenta el pasado, la tormenta es presente,
y no existe futuro.

El instante en que un hilo de luz hiende su rostro cárdeno
repara en la opacidad de la cara oculta de mi alma,
con sus ojos ausentes.
Vuelve la vista al reloj de las horas perdidas,
una a una las enhebra como cuentas para una gargantilla,
pero ya no me calza, mucho me temo.

Hube de llenarme los bolsillos de esperanza amarilla –de marchita-
madurar el beso de la aurora que apagaba las noches,
darme un golpe de versos,
y no te percataste.

Tuve que volverme a ti, pero tú ya no estabas,
si piensas en volver, no vas a hallarme.

Tela de araña


¿Alguna vez has visto cómo es la lucha por la supervivencia en una tela de araña?

Aquí me ofrezco insecto, que no puede librarse de los reproches que tejes.



Haces frío,

y es preciso que me abrace a tu invierno,

pero el recorrido hacia ti se me antoja imposible con esta herida expuesta.

Invariablemente serás la pieza que me falta

aunque no encajes nunca en mi rompecabezas de huesos destemplados.


Me sacudo el polvo con la humedad tétrica de la tarde

pero siempre está

c

a

y

e

n

d

o

más,

polvo, lluvia, noche, tú, da lo mismo si no acaba.


Absurdo este remedo de reclamo, si no vas a escucharme,

como esperar a que sobrevenga la noche para no ensombrecerme

-sin luz no hay sombras, me repito-

y sin embargo no puedo acostumbrarme a esta oscuridad de cárcel epitelial.


Adherido a los labios, llevo tu nombre a cuestas,

y es como un eco que se disuelve en mi voz para volverse tuya,

no puedo huir de mí misma entre la pena y el abismo,

cuajar mi humanidad de arcilla inerte

y volverme ave que no quiere volar.


Vamos, te quiero, pero no es suficiente,

no lo soporto más.



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