El tiempo es un veneno que hay que beber despacito,
¡salud por el año nuevo!
Que este 2011 sea mucho mejor que el año que pasó. No todo lo que nos pasa es bueno, pero a lo malo también se le puede sacar provecho.
Un gran abrazo,
Marisol.
El tiempo es un veneno que hay que beber despacito,
¡salud por el año nuevo!
Que este 2011 sea mucho mejor que el año que pasó. No todo lo que nos pasa es bueno, pero a lo malo también se le puede sacar provecho.
Un gran abrazo,
Marisol.
Allí donde la madreselva se cuelga de una estrella
y maduran alondras, tus besos en mi piel.
Allí donde el crepúsculo colorea la tarde de arcoíris
y tus labios me miran casi con voyerismo.
Aquí, en este instante en que el amor expira
y se pronuncia 'cielo' - así, como te llamo-
Aquí, tímidamente en este beso de mariposa trasegando mis labios,
casi podría sentir tu vuelo de libélula disfrazada de noche.
Así, entre tus brazos, bebiéndome tu boca como adicta de amor.
Alcoholizada.
Casi pude sentir que también tú me amabas.

Afuera, cruje la tarde disecada en las aceras
el aire enarbola el último suspiro en sus labios de sándalo
mientras dibuja, un pájaro, la distancia insoluble de dos cuerpos.
El vértigo de una lágrima tirita en el arcén de tu mejilla
pero ¿qué es una tristeza en el óbito incesante del universo?
Un parto doloroso, para una madre exhausta,
y el precoz embarazo de otra lágrima.
Si supieras cuánto sufro tus penas…
si pudiera un milagro devolverte la fe, yo me haría creyente,
pero hoy no es domingo, y no atiende Dios en las Iglesias.

Galopa la memoria y relincha tu recuerdo.
Nuestros labios buscándose en las sombras
como ciegos nublados por la sed.
A voz callada en primavera incierta, grita la luz ahogada del crepúsculo,
te nombra, te nombro, y es el milagro del amor
que existe sin hallarse, porque se haría botón de noche abierta.
Te pido lo imposible, como quien se queda mirando el espacio
en el cenit de una estrella muerta, esperando que brille;
o la tristeza oculta del llanto bajo el agua.
Te pido que Navegues mi cuerpo en tus manos de barca
l(í)iquida la sed,
duerme el sueño del tiempo abrasando mis brazos
o enséñame a ser agua, que refresque el ardor de tu memoria.

Te recuerdo, amor, pausa imprecisa.
la nota que rompía el compás de la memoria
y golpeaba en los riscos de la imaginación
para volver espuma tu recuerdo lejano.
Te amo, aquí, distante
en estas noches de primavera escasa, donde se abandonan las flores
que caen como días repetidos del calendario, o espirales de humo
y perfuma la ausencia.
Aletea la tarde, con sus alas de fuego, y no estás,
hasta el aire sofoca si no oigo tu voz, ablandando mis sueños.
se desboca el cauce de mis ojos, y ya ha trazado el surco donde siembro las penas.
apenas la desesperanza le sigue a la sedación.
No soy tu felicidad, pero eres mi tristeza;
y tristeza, te amo.

I. Liofilizada
Se cansaron las hojas de respirar tu falta, y ha secuestrado el otoño a la primavera,
fue una rosa carmín, hoy ha empalidecido y es sólo un lirio albino
que te nombra hortaliza.
II. Nictálope
Se escurre la luna en los tejados, y un gato canta al compás del frío,
mientras bebe impaciente la noche en su eclipse de estrellas.
Exhumo tus poemas, y huelen a pretérito imperfecto,
al leerte se ha desgarrado el cristal de mis pupilas
y me ha sugerido la condición líquida del amor.
IV. Confesión y despedida
Quiero obligarme a dejarte, pero eres mi constante favorita,
mas nada hay que puedan reprocharme
al fin que el amor y el desamor duelen, sí, con la misma intensidad.

Tengo urgencia de ti, de trazar tus fronteras sin vértices inconexos
de abrazarte sin prisas,
de descarnar los frutos y morder las almendras.
Te ansío,
como al agua el desierto,
como Dios una cruz,
como arteria a la sangre.
Tal vez un poco más.
Y es que te anhelo mar, naufragio demorado de sábanas,
grieta de precipicio que moldea la horizontalidad de la mañana
rozadura de seda latiéndonos el pulso de la vida
como savia que discurre vitalmente por el tallo.
Pero no, no me abordes
que sólo he aprendido amarte así, inaccesible.