Aclarando mi claro I
Desahucio
Él tiene
Él tiene un lunar, que adorna el vacío de ti que hay en su rostro,
y unos ojos morenos y profundos, que no son más que la sombra de otros, verdes.
Él tiene manos blancas, dueñas de los dedos más largos que conozco,
y un nombre, que de vez en cuando, se pronuncia como el tuyo.
Y no tiene ni idea de cómo escribir un verso,
eso es lo que él dice,
yo estoy segura que si transcribiera su forma de hacer el amor
sería el poema más bello del planeta.
Y me conoce,
me conoce inclusive más que tú,
por eso no puedo verlo a los ojos cuando escribe;
luego sí, claro, hasta cuando me escribe un te amo con los dedos,
de la forma más sincera -y más triste que hayas escrito tú-
Supongo que por eso termina firmando todo con un
‘Te odio con todo mi cariño’
Ojalá fuera sólo su seudónimo.
Tus ojos

Tus ojos,
dos agujeros negros de misterio,
dos cometas de ébano, que tatúan su estela en mi mirada,
que deshacen el miedo mientras fraguan la postura
en la que puedan trenzar cómodamente sus brazos
alrededor de mi pretensión
de amarnos más allá de la muerte y la distancia.
Tú le has dado calor y color a mi estructura de borrasca imprecisa,
tapizaste las noches de tu piel terciopelo,
engendraste los verbos, en el vientre de mi fantasía
y ahora alumbro esperanza.
Reconocer
Qué vas a pensar de mí cuando descubras
que no he aprendido a tocar en clave de sol
-que apenas puedo leer mi clave de luna-.
Cuando sepas que el único teorema de física que me sé
es que el tiempo es espacio sumamente condensado
en un amor que se crea y se transforma,
pero no se destruye…
Podrías desear no haberme conocido,
y no te lo reprocho;
a veces, yo también lo deseo.
Canción ajena

El amor es una canción que parece silbada por otros labios,
-aún cuando comparto los míos con los otros.-
Hace veinticuatro días que mi sueño acaba igual,
en sus brazos, sólo que ese rostro no le pertenece.
He escondido en el armario una sonrisa, encima de su foto,
junto con todos los besos que le debo.
A veces deseo tanto que venga a cobrar su deuda,
pero sé que aunque vaya yo a pagársela, no hará nada para ajustar las cuentas.
Si hay algo cierto es que ayer se lo conté,
-aunque lo que le conté no fue del todo cierto-
en ese momento, lo juro, en ese momento
toda mi vida cabía entre sus dedos,
ya sabía lo que iba a contestar, siempre dice lo mismo
-que me desea lo mejor y el resto de cosas que son justo lo opuesto a lo que yo deseo-
y en ese momento, lo juro, en ese momento,
mis lágrimas no hubieran cabido en el lugar del mar.
Hoy, hace un día que dejé de soñar.
Recuerdos en Sepia

de aquella onírica voz de su mirada.
El silencio absoluto de sus dulces palabras,
que tanto transmitían cuando apenas callaban.
El susurro indiscreto del vaho entre mis labios,
que traspasa distancias despeñándose al mar.
Conocerme en tu cuerpo,
saciar mi apetito en tus dos rebordes sobrepuestos
y deshacerme del alma penitente,
en pasiones aprendidas de tu nuevo viejo continente.
Empaparme de amor,
de un amor que se agolpe en las caricias.
de un amor infinito, y cristalino
de un amor que sepa a mar…
Cuánto te extraño…
Si bien, antes, para llegar a ti
clamaba por cruzar la acuosa calle azul
nadando entre mis lágrimas;
ahora, que no estás - o que ya no me amas-
sólo cruzar la calle azul del firmamento,
y ofrecerte el asiento reservado
en este órgano sobrehumanamente visceral
que invariablemente has ocupado.
Disculpa si logro agobiar tu recuerdo,
recordando el agobio,
pero el lápiz insiste en masturbarse
en la libreta neurálgica donde escribo mi tiempo.
Disculpa.
La hierática dicción, hoy agostada,
de una afónica voz, resbala en mi mirada…
