Nocturno I

Ardes, pudor de espuma,
como la exploración del primer rayo de sol
en la explosión de la noche de mi pelo.

Abrazada a tu luz, finjo que duermo
y en el aliento frutal de tu nuca dispuesta,
me desnudo.

Dualidad boca-verso.

El cuerpo de tu voz, invade mis oídos
y arrulla el agua mansa de mi arroyo.
-Es breve la demora de la piel
serpenteando en el caudal del pensamiento-.

Tú, así, siempre, lumínico disfraz de amor enardecido,
envuélveme en la llama de tu ardoroso afán
y enciéndeme a morir lento, muy lento.

Nudo corredizo



He querido engañarme fingiendo que te olvido,
y he encontrado tus gestos, tus labios, tu cabello,
en alguna sombra capaz de describirte,
o un fugaz amorío precipitando el eco de tu cuerpo
cuando bebía el fuego desde el mío.

Pero sé, estoy segura, que todo cuanto toco
lo convierto en tu imagen, y a veces me descubro
imitando tu esencia, sumergiendo mi herida
sujeta a tu cuerpo por un hilo de sal
en el mar de tu ausencia.
-Así me dueles-.

Y luego siento el peso de la angustia
ajustando el nudo en la garganta, del adiós corredizo.
y el inútil esfuerzo del agónico, intentando morir
sin poder hacerlo.

Noches de ti


I

Intimo con tu ausencia como cada domingo,

la soledad es una puta que se acuesta conmigo

y su oficio de amante, casi deja el vacío de hacer el amor con uno mismo.


II

En el preludio de las tardes,

cuando muerde el crepúsculo a la noche

y se desgarra el sol en el silencio convulso de una estrella,

titilas fugazmente entre mis manos,

tomas forma de sombra y te bates a duelo con mis dedos.

Entonces sé que existes, porque no estás aquí.


III

¿Qué importa si mi imprenta fractal se desordena?

soy un pájaro azul cuya voz Atesora –se atora-

en tu garganta,

y vuela en una jaula entreabierta de palabras.

Soy un poema liberado que quiere vivir preso de ti.

Te echo de menos



Blanco, silencio frío,
cadáver soterrado por las ruinas del tiempo
en un sepulcro anónimo que ya nadie visita.
Sólo mi desamparo, meciéndose en tus ojos de liquen marchitado.

Apenas el recuerdo de lo que nunca ha sido,
y esa voz de oráculo, pronunciando la intrascendencia de lo que no será
como este beso ingenuo, que peregrina a tu boca en los labios del mar.
-sé que lo besas-
A veces quisiera apellidarme Océano, para sentir que me amas un poquito,
pero no lo merezco.

El espejo puede ser tan cruel como uno mismo,
me veo y me horrorizo. Tú te has vuelto transparente
tanto, que puedo verme a través de ti,
es que yo en mi oficio de sonrisa fingida,
me descubro peor que tú cuando dejas a la tristeza invadir tus pestañas.

Cómo duelen los Junios cuando se marchan con su traje de invierno
en sus silencios blancos.
Cómo dueles allí, donde quiera que estés…

Perú



Sé que la política no es poesía, pero hoy me sobran razones para escribir sobre ella. Perú, un país emergente económicamente, con oportunidades y desarrollo, en vías de crecimiento, hoy nublado y devastado por el egoísmo de unos y la ignorancia de otros.
Hoy se me ha roto el corazón por este país al que amo tanto, y a pesar de eso, debo de pensar en dejar. Y aunque trato de encontrar algo rescatable de esta campaña, sólo encuentro dolor y decepción.

Ansias

Te he amado tanto
que tuve que coserme un vestido de mentiras,
-de lindos estampados-
Y sé que te gustaba vérmelo puesto tanto como a mí.

A veces imaginaba las huellas de tu boca reposando en mi piel
y quise ser tu sombra,
refugiarme en la comisura de tus labios,
beberme la vida que tenías adentro,
dilatarla en mi vientre.
Seducir tus pensamientos.

Yo quería prestarme tu vuelo,
y descender en la horizontalidad de tu reposo.

...Y anhelé demasiado.

Como todos los días



Como todos los días,

esta mañana me ha visitado un recuerdo aleteando,

desayuno tu nombre que vuela en mi ventana,

y hay un nido de ausencias arrebatado al árbol de la estancia.

¿Dónde abrigar las alas?


Por la tarde, le deshojan palabras al libro de los sueños,

es la historia de alguna pluma ex-tinta- descamando los miedos del ocaso en el mar,

tantas veces me ha parecido ver al océano tragarse el sol,

como a mis fantasías engullirse tus verbos.


Tropiezo con la noche siempre sola,

como madre sin hijo, amamanto el dolor acunado en la luna menguante,

y te beso en el espacio desierto entre mis sábanas hasta que me despiertas otra vez,

con el gorjeo matutino, que desprende el sauce de la estancia.


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