Canción ajena

El amor es una canción que parece silbada por otros labios,

-aún cuando comparto los míos con los otros.-


Hace veinticuatro días que mi sueño acaba igual,

en sus brazos, sólo que ese rostro no le pertenece.


He escondido en el armario una sonrisa, encima de su foto,

junto con todos los besos que le debo.

A veces deseo tanto que venga a cobrar su deuda,

pero sé que aunque vaya yo a pagársela, no hará nada para ajustar las cuentas.

Si hay algo cierto es que ayer se lo conté,

-aunque lo que le conté no fue del todo cierto-

en ese momento, lo juro, en ese momento

toda mi vida cabía entre sus dedos,

ya sabía lo que iba a contestar, siempre dice lo mismo

-que me desea lo mejor y el resto de cosas que son justo lo opuesto a lo que yo deseo-

y en ese momento, lo juro, en ese momento,

mis lágrimas no hubieran cabido en el lugar del mar.


Hoy, hace un día que dejé de soñar.

Recuerdos en Sepia

En un lugar, con vista al Mediterráneo, cruzando las barreras que separan dos continentes,
se afincó un náufrago, dueño de mis recuerdos sepia… A ti.


La impecable dicción, suave y pausada,
de aquella onírica voz de su mirada.

El silencio absoluto de sus dulces palabras,
que tanto transmitían cuando apenas callaban.
El susurro indiscreto del vaho entre mis labios,
que traspasa distancias despeñándose al mar.

Conocerme en tu cuerpo,
saciar mi apetito en tus dos rebordes sobrepuestos
y deshacerme del alma penitente,
en pasiones aprendidas de tu nuevo viejo continente.

Empaparme de amor,
de un amor que se agolpe en las caricias.
de un amor infinito, y cristalino
de un amor que sepa a mar…

Cuánto te extraño…

Si bien, antes, para llegar a ti
clamaba por cruzar la acuosa calle azul
nadando entre mis lágrimas;
ahora, que no estás - o que ya no me amas-
sólo cruzar la calle azul del firmamento,
y ofrecerte el asiento reservado
en este órgano sobrehumanamente visceral
que invariablemente has ocupado.

Disculpa si logro agobiar tu recuerdo,
recordando el agobio,
pero el lápiz insiste en masturbarse
en la libreta neurálgica donde escribo mi tiempo.

Disculpa.

La hierática dicción, hoy agostada,
de una afónica voz, resbala en mi mirada…

Inalcanzable


Soy el último pétalo de una rosa que quiso desnudarse para ti,
-y me arranqué hasta el polen-
la gota de rocío que se extinguió
antes de encontrar el camino que la regrese al mar
-anhelaba endulzarlo-.

Soy el fuego glacial que no puede encenderte;
las hoscas alas de marfil tullido que jamás alzarán vuelo a tu bahía
-porque mis sueños pesan demasiado, tal vez-

Soy la sonrisa triste que dejó de aspirar a consolarte
Y…
aunque no lo deseo,
sobrevivo a tus penas.

.....................................Amarte es el azote
que a fuerza de sangrar me ha vuelto espalda.

Quiero ser


Quiero ser la nota que desafine tu acorde,

escribir silencios de corcheas entre compás y compás

de nuestro corazón.

Quiero hacerme lluvia en tu cuerpo

y dejarme a pedazos en todo tu trayecto;

quiero ser la luz que te ciegue al futuro y al pasado

quiero ser tu presente

tu siempre.

De la brisa de tu playa


Amo la brisa de la playa,
porque me envuelve no sólo el cuerpo,
…sino también el alma.

Amo la cadenciosa dulzura
con la que acaricia la salinidad del mar
y lo hace ola.
Amo ese paisaje que provoca,
que es sorprendente, instantáneo e irrepetible.

Amo los dibujos que hace en la arena.
porque son mágicos.
Amo la compañía que me hace,
cuando al mirar el horizonte
… me toma por sorpresa.

Amo los eufónicos sonidos que desprende del océano.
Amo su calma y su tempestad.
Amo sus caricias y sus golpes.

Amo de la brisa del mar, el que se llame brisa y no viento.
Amo su transparencia,
amo su imperceptible existencia.
Amo su fragancia, su naturalidad,
amo su frescura y su calidez.

Amo la brisa de la playa,
porque me trae tu aire,
porque son tus suspiros.
Porque cruzando el mar me devuelve tu recuerdo,
tu aroma, tu silencio.

La amo, porque es una sola contigo;
te amo, por ser uno solo con ella.

De cuando extravié mi diccionario


Me desperté aterrada,
en la afonía de estas últimas dieciséis noches
-hubiera preferido no dormir, repito-

Despertar, es tomar conciencia
de que no me queda más que mi yo y su irreversible prosaísmo,
es aceptar
que ya no estás estúpidamente enamorado de mi torpeza congénita,
y yo no puedo desamar tu estupidez aprendida.

Me he perdido en la esperanza
de encontrar un Norte para salir a buscarte.

El papel se ha vuelto cicatriz que no deja de doler
ante mi impotencia de extirparle el silencio.
Es un niño que extiende la mano
resignado a la escasez de alimento
durante un invierno a destiempo,
y yo, al fondo de mis dos platos vacíos
no acierto a colgar un pan sobre su mesa.

¿Cuándo regresarás?
no quiero ser poeta si me faltas.

Tu ausencia




Quieto, suspiras, mientras el sol caduca, dorando la mañana,
llorando el día... sufriendo su temprana muerte, inmerecida.

Eres como el cristal, que roto pierde el valor de adornar el salón,
y se convierte en dolor inconsolable, que en su orilla desgarra
y me hace sangre.

-No me importaría convertirme en sangre y recorrer tus aórticas avenidas,
para llenar tu corazón-

Tu ausencia, es sentir la distancia más lejana.

Si advirtieras mi pena,
nacerías volcán y me arderías lava.
Si supieras;
me recorrerías rocío, con tu voz de enredadera,
para poblar mi alma.

Tu ausencia es
permanecer aquí, pero estar más allí.

Tu ausencia es...
sobrevivir mi inexistencia.
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