
Afuera, cruje la tarde disecada en las aceras
el aire enarbola el último suspiro en sus labios de sándalo
mientras dibuja, un pájaro, la distancia insoluble de dos cuerpos.
El vértigo de una lágrima tirita en el arcén de tu mejilla
pero ¿qué es una tristeza en el óbito incesante del universo?
Un parto doloroso, para una madre exhausta,
y el precoz embarazo de otra lágrima.
Si supieras cuánto sufro tus penas…
si pudiera un milagro devolverte la fe, yo me haría creyente,
pero hoy no es domingo, y no atiende Dios en las Iglesias.