Nocturno I

Ardes, pudor de espuma,
como la exploración del primer rayo de sol
en la explosión de la noche de mi pelo.

Abrazada a tu luz, finjo que duermo
y en el aliento frutal de tu nuca dispuesta,
me desnudo.

Dualidad boca-verso.

El cuerpo de tu voz, invade mis oídos
y arrulla el agua mansa de mi arroyo.
-Es breve la demora de la piel
serpenteando en el caudal del pensamiento-.

Tú, así, siempre, lumínico disfraz de amor enardecido,
envuélveme en la llama de tu ardoroso afán
y enciéndeme a morir lento, muy lento.

Nudo corredizo



He querido engañarme fingiendo que te olvido,
y he encontrado tus gestos, tus labios, tu cabello,
en alguna sombra capaz de describirte,
o un fugaz amorío precipitando el eco de tu cuerpo
cuando bebía el fuego desde el mío.

Pero sé, estoy segura, que todo cuanto toco
lo convierto en tu imagen, y a veces me descubro
imitando tu esencia, sumergiendo mi herida
sujeta a tu cuerpo por un hilo de sal
en el mar de tu ausencia.
-Así me dueles-.

Y luego siento el peso de la angustia
ajustando el nudo en la garganta, del adiós corredizo.
y el inútil esfuerzo del agónico, intentando morir
sin poder hacerlo.
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