Él tiene

Él tiene un lunar, que adorna el vacío de ti que hay en su rostro,

y unos ojos morenos y profundos, que no son más que la sombra de otros, verdes.

Él tiene manos blancas, dueñas de los dedos más largos que conozco,

y un nombre, que de vez en cuando, se pronuncia como el tuyo.


Y no tiene ni idea de cómo escribir un verso,

eso es lo que él dice,

yo estoy segura que si transcribiera su forma de hacer el amor

sería el poema más bello del planeta.


Y me conoce,

me conoce inclusive más que tú,

por eso no puedo verlo a los ojos cuando escribe;

luego sí, claro, hasta cuando me escribe un te amo con los dedos,

de la forma más sincera -y más triste que hayas escrito tú-

Supongo que por eso termina firmando todo con un

‘Te odio con todo mi cariño’

Ojalá fuera sólo su seudónimo.

Tus ojos


Tus ojos,

dos agujeros negros de misterio,

dos cometas de ébano, que tatúan su estela en mi mirada,

que deshacen el miedo mientras fraguan la postura

en la que puedan trenzar cómodamente sus brazos

alrededor de mi pretensión

de amarnos más allá de la muerte y la distancia.


Tú le has dado calor y color a mi estructura de borrasca imprecisa,

tapizaste las noches de tu piel terciopelo,

engendraste los verbos, en el vientre de mi fantasía

y ahora alumbro esperanza.


Reconocer

Qué vas a pensar de mí cuando descubras

que no he aprendido a tocar en clave de sol

-que apenas puedo leer mi clave de luna-.



Cuando sepas que el único teorema de física que me sé

es que el tiempo es espacio sumamente condensado

en un amor que se crea y se transforma,

pero no se destruye…



Podrías desear no haberme conocido,

y no te lo reprocho;

a veces, yo también lo deseo.

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