
A veces se nos rompe el corazón
y lo parchamos.
Unos tienen el corazón tan remendado
que hasta olvidan su forma original.
La vida es un muro que te estampa contra ella
cuantas veces necesite para volverse heridas en tu piel.
La vida duele un dolor que termina por matarte.
Algunas, claro, duelen dos vidas, cinco vidas
veinte muertes, o poco más.
-de las más grandes y brillantes-
Cuánto me gustaría no ser estrella en ningún universo
para no volverme lágrima en ninguna mirada.
Quisiera ser humo,
sin alma, sin pretensión alguna,
ascender, ingrávida, en caracolas
hasta disolverme en el aire;
Sin dolor
Sin vida
Sin muerte.
Sin mi maldita, forzada aceptación, de que todo
-hasta este poema-
SE ACABA.