
A veces nos sorprende un ballet de momentos
es cuando le injertas al tiempo tu voz imperturbable.
Me gusta cuando haces de mi espalda laberinto que armoniza tu nombre,
o arroyo donde navegan caricias de tus labios de hidromiel,
-allí, no me importa ahogarme en el mar de tu boca
que me convoca diluvio-.
Me gusta tu mirada de mies abierta en flor
y sus besos de colibrí con aroma a mariposa.
La danza de los siete velos que bailan tus pestañas,
el rubor del crepúsculo cuando a fuerza de besos atardecen tus mejillas...
¿O es que me gustas tú?
Tú, trazo firme,
en el
e s f u m a t o
de mi vida.