
Hoy, mientras el sol se escurría en las azoteas
vi cómo unos niños arrojaban piedras en torno a una paloma,
era natural que cuando se sintiera amenazada, huyera,
así que se fue volando.
-Lástima que yo no tenga alas-
yo derrapo en su brillo, sin distancias precisas,
-un calor me quema las aristas-
Su latido de labios, llena lunas las noches más oscuras del alma.
Me baila en el vientre un enjambre de estremecimientos
que maquinan el mapa
por el que su boca traza senderos de lluvia .
Un cementerio de pétalos funge de escenario
donde el sacrificio de amor es perpetuado.
La explosión del éter apremia en su ternura,
entonces soy esponja
sumergida en su amor condensado en espuma.
Con la estival mirada de un invierno cuajado a soledades
regresas por una senda atemporal.
Tiemblas, como una rama recién abandonada
por un pájaro herido en su espesura
¿Es que hace frío en tu corazón?
Pasa y disfruta de la pira que encienden
tus brazos adheridos a mi ombligo
-sobran las sombras-
Me miras y sonríes,
como si hubieras descubierto un uni-verso nuevo entre mis dientes,
y te sostienes como colibrí
batiendo con fuerza tus alas esperanza,
para poder sorber el néctar de mi vida.
Salud.
Mira cómo se desmayan las tardes aquí,
cuando el sol se abandona entre las nubes
presto a su sangriento sacrificio, rojo crepúsculo.
Mira cómo se suceden las tardes una a una,
cómo sacude el verso al corazón
cuando seducen tus ojos mi aterido amor.
Mira cómo se vuelve monótona la lluvia
cuando cae el invierno a toda alma
y atracan las tristezas, como esquifes en pena,
anclados para siempre en el desierto.
Oye, oye el viento despeinar a los árboles,
como la palmadita de un adiós.
Cómo le canta el viento a las espigas
que enredándose, van tejiendo tu recuerdo
enraizado a tientas esta noche.
Y tú tan lejos, tan lejos, incapaz de escuchar mi grito tinto,
sin oír si quiera cómo repercute mi voz
en el silencio.